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Cómo hacer las clases de inglés más dinámicas sin complicarlas

Aug 13
3 min read

A veces parece que para hacer una clase más divertida hay que preparar una actividad completamente nueva, buscar materiales durante horas o convertir el aula en un espectáculo.

Pero no tiene por qué ser así.


Muchas veces, pequeños cambios en la forma de plantear una actividad pueden conseguir que los alumnos participen mucho más sin añadir trabajo innecesario al profesor.


La clave está en conseguir que los alumnos usen el inglés, no solo que hablen sobre él.


Menos ejercicios, más interacción

Completar una ficha de gramática puede ser útil, pero si después los alumnos no utilizan esas estructuras para comunicarse, la actividad se queda a medias.


Una forma sencilla de cambiar esto es convertir lo que ya estamos trabajando en una oportunidad para hablar.


Por ejemplo, después de practicar un tiempo verbal, en lugar de pasar directamente al siguiente ejercicio, los alumnos pueden utilizarlo para hablar sobre sus propias experiencias, hacer preguntas a un compañero o resolver una situación imaginaria.


El contenido sigue siendo el mismo. Lo que cambia es la forma de utilizarlo.


El juego no tiene que ser complicado

Cuando pensamos en juegos para aprender inglés, podemos imaginar actividades que requieren mucho tiempo de preparación.


Pero algunos de los juegos más efectivos necesitan muy poco.


Un simple “Would you rather…?”, una competición por equipos, un juego de preguntas o incluso convertir vocabulario en un reto rápido pueden conseguir que una clase pase de estar centrada en el profesor a estar centrada en los alumnos.


Además, este tipo de actividades son especialmente útiles para aquellos estudiantes que normalmente participan poco.



Aquí es donde un auxiliar puede marcar la diferencia

Una de las grandes ventajas de contar con un auxiliar de conversación es que el profesor no tiene que encargarse de dirigir cada parte de la actividad.


Mientras el docente explica una dinámica o trabaja con un grupo, el auxiliar puede encargarse de practicar la conversación con otro grupo, hacer preguntas, corregir pronunciación o simplemente mantener una conversación en inglés con los alumnos.


Esto permite trabajar con grupos más pequeños y conseguir que muchos más estudiantes hablen durante la misma clase.


Y, quizás lo más importante, el profesor no tiene que preparar una clase completamente diferente.


Los alumnos necesitan hablar, no solo escuchar

Una clase de inglés puede estar llena de actividades y, aun así, los alumnos pueden pasar muy poco tiempo hablando.


Por eso, una buena pregunta que cualquier profesor puede hacerse al preparar una sesión es:


¿Cuánto tiempo van a utilizar realmente el inglés mis alumnos hoy?


Si la respuesta es “muy poco”, quizá no sea necesario cambiar toda la clase. A veces basta con añadir una actividad de cinco o diez minutos en la que tengan que utilizar el idioma de forma espontánea.


Pequeños momentos de conversación, repetidos a lo largo del curso, pueden marcar una gran diferencia.


No se trata de entretener, sino de conseguir que participen

Una clase dinámica no significa que los alumnos estén jugando constantemente.

Significa que están implicados.


Puede ser una conversación, un debate, un juego, una actividad por parejas o simplemente una pregunta que les obligue a pensar y responder en inglés.


El objetivo no es llenar cada minuto con actividades diferentes, sino crear más oportunidades para que los alumnos utilicen lo que están aprendiendo.


Y cuando profesor y auxiliar trabajan juntos, esas oportunidades pueden multiplicarse sin que toda la responsabilidad recaiga sobre el docente.


Porque una clase de inglés más dinámica no tiene por qué significar más trabajo.


A veces significa simplemente compartirlo mejor.

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